lunes, 10 de abril de 2017

Un plan disruptivo para los pacientes crónicos complejos (y 2)








Los contenidos de este post, y el de la semana pasada, están basados ​​en la conferencia "Coordinación centrada en el paciente" que di el pasado 29 de marzo en el "20 Congreso Nacional de Hospitales y Gestión Sanitaria" de Sevilla.

Más competencias para los profesionales de la atención primaria

Clayton Christensen, en The Innovator's Prescription, dice que el sistema sanitario carece de innovación disruptiva debido a que los hospitales concentran demasiada inversión, demasiada tecnología y demasiados especialistas, y que esta acumulación está siendo un freno para la llegada de servicios más sencillos, pero quizás más efectivos, a poblaciones más amplias. Christensen cree que la simplificación de productos y servicios una de las claves de la economía de este siglo está consiguiendo que el bienestar llegue cada vez a más gente y, en esta línea, los médicos y las enfermeras de atención primaria deberían ampliar competencias para que los pacientes crónicos complejos se beneficiaran de la visión de los profesionales generalistas y comunitarios, en detrimento del enfoque tecnológico y parcial de la medicina fragmentada.

Aumentar competencias de médicos y de enfermeras de atención primaria es el primer paso para ofrecer servicios más apropiados a los pacientes crónicos complejos.

Estrategia del océano azul para innovar más y mejor

En La estrategia del océano azul (Blue Ocean Strategy), W. Chan Kim y Renée Mauborgne analizan cuáles son las estrategias innovadoras que empujan los proyectos a obtener resultados tan buenos que hacen que no haya nadie en el mercado que pueda competir con ellos. En el post enlazado verán una adaptación de la estrategia del océano azul a los sistemas sanitarios, dado que pienso que los proyectos de pacientes crónicos complejos deben ir más allá de la simple coordinación. De acuerdo con esta metodología, los proyectos de raíz wagneriana tendrían que estar atentos para superar las cuatro barreras que frenan todas las innovaciones: las motivacionales, las primeras transmitiendo los valores generalistas frente a las prácticas inapropiadas actuales, seguidamente, las cognitivas demostrando que son capaces de aportar más calidad de vida a las personas afectadas, sin olvidar las políticas, las más delicadas especialmente cuando aparecen derechos adquiridos y conflictos de intereses y, para terminar, se necesitará una gran astucia para conseguir los recursos imprescindibles (ver el siguiente apartado).

La coordinación sin romper el statu quo está siendo claramente insuficiente para evitar la fragmentación y el uso inapropiado de recursos.

Las políticas disruptivas y la estrategia del océano azul son imprescindibles para reorientar la oferta de servicios hacia las necesidades reales de los pacientes crónicos y frágiles.

Financiación del plan disruptivo

Según dijo Donald Berwick en el último monográfico "Right Care" de The Lancet, todos los estudios apuntan a que el coste atribuible a las prácticas clínicas de valor dudoso se situaría en una franja de entre el 25% y el 33% de los presupuestos sanitarios de todos los países del mundo, lo que en términos de gasto sanitario español podría interpretarse como un desperdicio de entre 20.000 y 27.000 millones de euros anuales. Las cifras son, ciertamente, impresionantes, aunque inalcanzables, ya que son el reflejo de un problema complejo (wicked problem) con múltiples causas: consumismo ambiental, medicalización de la vida cotidiana, medicina defensiva, presión de la industria, interés de muchos gobiernos en proteger exageradamente a sus ciudadanos con programas de cribado de resultados inciertos, sobrediagnóstico, aumento de los hallazgos casuales debido a pruebas diagnósticas excesivas, tratamientos desproporcionados, ensañamiento intensivista en procesos de final de vida, etc.

Lejos de querer atacar el grosor del despilfarro, propongo que para financiar el plan disruptivo echemos un vistazo al atlas de hospitalizaciones potencialmente evitables de "Variaciones de la Práctica Médica" (VPM), en especial en la estimación que hace de un exceso de 70.000 ingresos hospitalarios en la suposición de que todas las áreas estudiadas se hubieran ceñido al valor del percentil 10 de la serie de VPM. Si, siguiendo el hilo, hiciéramos caso a John Wennberg y aplicáramos la ley de Sutton (recuerden: conseguir para los programas comunitarios recursos desperdiciados por los hospitales en la atención inapropiada a los pacientes crónicos), podríamos disponer de 175 millones de euros (el coste estimado de las 70.000 hospitalizaciones potencialmente evitables en exceso) para reforzar la atención primaria y desplegar más servicios comunitarios específicos.

Hay que financiar los equipos wagnerianos y sus actividades y servicios comunitarios con fondos procedentes del derroche de los hospitales en el tratamiento desproporcionado de los pacientes crónicos.


Presentación de Slideshare:




Jordi Varela
Editor

2 comentarios:

  1. .
    Por un lado no tendremos rendimiento diferentes sin hacer disrupturas.
    .
    Por otro lado, el cambio no consiste en dar más recursos a lo ineficaz o a lo no deseado.
    Tener claro la visión de lo que sí deseamos y tener un plan de acción eficazmente supervisado.
    .

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  2. .
    Por un lado no tendremos rendimiento diferentes sin hacer disrupturas.
    .
    Por otro lado, el cambio no consiste en dar más recursos a lo ineficaz o a lo no deseado.
    Tener claro la visión de lo que sí deseamos y tener un plan de acción eficazmente supervisado.
    .

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